DEPORTES

Videos | 2019-06-26 | 08:50:33

 La historia del “abrazo del alma”, a 41 años de la obtención del Mundial ´78.
Tras un nuevo aniversario de la obtención de la primera Copa del Mundo para Argentina, repasamos una historia emotiva en el momento de la consagración.


 En el atardecer nublado de Capital Federal, en el barrio de Nuñez, el Monumental tembló. Tras 120 minutos de nerviosismo y angustia futbolera, Argentina pudo gritar campeón por primera vez, tras las guapeadas de Mario Kempes y la certificación del triunfo por parte de Daniel Bertoni. Inmortalizados en el tiempo quedaron los papelitos de Clemente, las banderas celestes y blancas, y las caras espeluznantes de la Junta Militar en el palco.





Tras la consagración argentina de la cual se cumplen 41 años, hay una historia que el tiempo no desgastará; una imagen que emociona al solo observarla, mostrando que a veces los abrazos, no son solamente físicos.



Una final sufrida

El segundo tiempo suplementario aún no había terminado, tras jugarse los 90 minutos reglamentarios, finalizados 1 a 1 entre Argentina y Holanda. La final tomó un ritmo frenético cuando Mario Kempes (que ya había hecho el primer gol), dio la estocada final para las aspiraciones holandesas, que por segunda vez llegaban a la instancia decisiva de una Copa Mundial.



Observando de reojo, estaba el personaje de esta historia, Víctor Dell’Aquila, que tras el gol de Daniel Bertoni ya había invadido el campo de juego, confundido ante un pitazo del referí de aquel match, el italiano Sergio Gonella. Tras el reto del arquero Ubaldo Fillol, el hombre de San Francisco Solano, que había perdido sus dos brazos a los doce años debido a una descarga eléctrica que se los carbonizó, espero a la finalización del encuentro al lado del arco argentino para esperar el momento de la consagración.



El abrazo del alma

Cuando el colegiado marcó el final, el Estadio de River se vino abajo. De la misma manera, se desplomaba Ubaldo Fillol, quien en los últimos años confirmó que sintió una presencia divina en esa secuencia: “Vi a Dios”. En un momento, el “Conejo” Tarantini se acerca a abrazarlo, y se produce la imagen que quedará grabada para siempre en los archivos: Victor va a abrazarlos, y sus mangas se sueltan.



Ricardo Alfieri, fotógrafo de la Revista El Gráfico, retrató para la eternidad este momento, y logró variados premios debido a esta toma histórica, a la que llamó “El abrazo del alma”. Entre las 80 mil personas que rodeaban el anillo del Monumental, junto al Cuerpo Técnico de César Luis Menotti y los seleccionados, se encontraron las almas de cuatro personas, para un abrazo, que perdura hasta nuestros días.




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